Una nueva compañera con un historial de incesto

Aquel segundo año en la facultad de ingeniería había empezado de manera bastante excitante, como pudisteis comprobar; pero cuando Darío abandonó mi vida, pensé que seguramente ya nada interesante podría ocurrirme hasta el final del curso. Pero la vida me sorprendió, y no sabía qué equivocada podía llegar a estar.

Una vez pasado el primer trimestre, tras la vacaciones de Navidad, Claudia me comentó qué me parecería que tuviéramos una nueva inquilina de piso. El casero había dicho que iba a subirnos el alquiler, y nosotras teníamos una habitación que no utilizábamos, así que a ella le parecía una buena idea. Como a mí tampoco me disgustó la propuesta, nos pusimos a la búsqueda y captura de una nueva compañera de piso (en aquellos tiempos, no se nos ocurrió que podría ser un compañero, jejeje).

A los pocos días contactó con nosotras una chica que se llamaba María. Ella era una estudiante de primer año de Lengua española, y aunque sus padres vivían en la misma ciudad, había decidido alquilarse una habitación y así ser un poco más independiente de ellos. Nos pusimos de acuerdo en cuanto a su parte del alquiler y algunas normas de convivencia sin mucha dificultad, y así fue como María entró en nuestras vidas.

Lo primero que me chocó de ella es que fuera una chavala tan reservada, y que nunca quisiera hablar de su familia, a pesar de ser su primera vez lejos de ellos. Era extraño que nunca los llamara, ni que tampoco recibiera llamadas de ellos; y yo, que soy una cotilla desde siempre, empecé a sospechar que allí tenía que pasar algo raro. Y no me equivocaba, vamos que no.

Una noche nos quedamos solas ella y yo viendo la tele, mientras Claudia hacía unos recados fuera de la ciudad. Para sacar el tema, yo empecé a hablar de las cosas que pasaban en mi familia, como la historia de unas primas xxx que escandalizaron a todo el mundo cuando se supo que bailaban en un club de stripteases; nos reímos un montón del episodio, y entonces yo le pregunté si en su familia había habido algún episodio semejante.

María entonces se echó a llorar, y yo la verdad me quedé un poco a cuadros, porque no sabía qué decirle ni qué hacer para consolarla. Pero más sorprendida me quedé cuando me miró fijamente y me dijo si me parecía lo bastante escandaloso que entre sus parientes se estilaran las orgías familiares. ¿Es que me estaba vacilando?

Ella se puso muy seria, y entonces supe que no, que hablaba en serio. O casi, porque en realidad, por lo visto, no es que toda la familia se pusiera a follar en grupo; es que al parecer les iba bastante al tema de los incestos, ya fuera en las antiguas generaciones o en las más nuevas. Y lo sabía a ciencia cierta porque ella misma había sido testigo de ello.

No fue consciente de ello la primera vez, porque le ocurrió cuando era pequeña. Una noche, cuando se quedaba a dormir en casa de sus abuelos, vio cómo el patriarca de la familia entraba en silencio y sin encender la luz en el cuarto de su prima. Claro, a ella le dio curiosidad, y muy sigilosa fue a abrir la puerta y ver qué estaba pasando. Y lo que pasaba es que había descubierto la relación incestuosa del abuelo con su nieta y estaban follando, aunque ella no supo por aquel entonces que pasaba, y sólo los vio juntos en la cama.

Aquello se le fue olvidando aunque no se borró por completo de su mente. Pero el año pasado ocurrió algo que ya no pudo olvidar, y que entendió perfectamente desde el principio. Mientras su padre estaba en un viaje de negocios, pilló a su propio hermano follando con su madre, pensando que ella tampoco estaba. Ya os podéis imaginar cómo se puso y el escándalo que montó, pero ellos la amenazaron con contar a su padre que había sido ella la que había acosado a su hermano y le había pedido relaciones sexuales, volviendo en incesto en contra suya.

Desde entonces la situación se volvió insostenible, y aunque María no confesó la verdad a su padre, no veía el momento de salir de casa. Por eso era que se había ido de allí poniendo como excusa sus estudios, y que no quería saber nada de ellos. De hecho, no quería saber nada de nadie de su familia, cercana o lejana, porque ya temía enterarse de cualquier bestialidad. La comprendía perfectamente, porque si tuviera que imaginarme a mi madre en la cama con mi hermano, a mi padre con mi hermana, o a cualquiera de mis abuelas follando con alguno de sus nietos, creo que me volvería loca.

María se desahogó ese día, y ya nunca más volvimos a tocar el tema. Cuando Claudia volvió las cosas habían vuelto a la normalidad, así que no le comentamos nada, y seguimos con nuestras vidas y nuestros estudios. Pero yo no pude evitar pensar en lo que una familia en apariencia normal puede encerrar, y si la mía también tendría tanto secretos que esconder.

Y no tardé mucho en indagar si esto podría ser así.